El metalizado es un proceso que consiste en rociar metal derretido en una superficie para formar sobre ésta una capa metálica.

Estos son dos métodos de metalizado:

Metalizado con alambre en frío

El metal en forma de alambre es alimentado a través de la pistola de metalizado y es arrastrado al frente por un sistema de engranes de precisión accionados por una turbina, donde el cabezal de gases compuesto a base de un block mezclador, nos da una mezcla apropiada y segura de oxígeno y acetileno para obtener una fuente de calor, la cual funde el alambre.

El alambre fundido es atomizado, produciendo un fino rociado de metal, el cual es derretido y va acompañado de una fuerte corriente de aire (generado por la turbina), por lo que el objeto que está siendo rociado no se calienta excesivamente (máximo a 130°c), la metalización es realmente una técnica de acumular metal “en frio” de ahí su nombre.

Metalizado con polvo

A diferencia del metalizado con alambre, este es un sistema de metalización por proyección de polvos, que puede ser utilizado en una amplia variedad de aplicaciones desde reparaciones de superficies, restauraciones dimensionales de piezas, aislamientos de conductividad eléctrica, hasta aplicaciones para incrementar la resistencia a la corrosión y/o al desgaste.

El principio de funcionamiento de este sistema es similar al sistema de metalizado con alambre, dado que la boquilla de aire utilizada permite una corriente de aire comprimido que ayuda a enfriar la superficie de la pieza a recubrir sin interferir en la flama o en el haz de rociado, incrementando la eficiencia de depósito, por lo que se obtienen recubrimientos más puros y densos, al utilizar polvos de grano fino tales como carburo, cerámicas, aleaciones auto fundentes, etc.


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